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Cómo leer la Biblia en un año: 73 libros, una sola historia y Jesucristo en el centro

Una guía católica y práctica para comenzar a leer la Biblia durante un año, comprendiendo su estructura, su unidad y la centralidad de Jesucristo en toda la Sagrada Escritura.

Por Luis Mayta
biblia en un año

Muchas personas alguna vez se han propuesto leer toda la Biblia.

Comienzan con entusiasmo por el Génesis, avanzan por el Éxodo y, cuando llegan a ciertos capítulos del Levítico o de los libros históricos, empiezan a perder el ritmo.

No necesariamente porque les falte fe.

Muchas veces ocurre por una razón mucho más sencilla: nadie les enseñó cómo leer la Biblia.

La Biblia no es una novela de 73 capítulos que necesariamente deba leerse de principio a fin como cualquier otro libro.

Es una biblioteca formada por 73 libros, escritos en distintas épocas, por diferentes autores humanos, con diversos géneros literarios, pero unidos por una sola gran historia:

La historia de Dios que sale al encuentro del hombre y lleva su plan de salvación a plenitud en Jesucristo.

Por eso, antes de preguntarnos cuántos capítulos debemos leer cada día, debemos aprender una verdad fundamental:

La Biblia tiene un centro: Jesucristo. La Biblia tiene un corazón: Jesucristo. La Biblia tiene una llave maestra: Jesucristo.

1. La Biblia tiene un centro: Jesucristo

Después de su resurrección, Jesús se encuentra con los discípulos que caminaban hacia Emaús.

Ellos conocían las Escrituras, pero todavía no comprendían plenamente lo ocurrido con Jesús.

Entonces sucede algo extraordinario:

"Y comenzando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras." (Lc 24,27)

Jesús mismo les enseña a leer la Escritura teniendo como clave su propia persona.

Por eso san Jerónimo escribió una frase que la Iglesia ha repetido durante siglos:

"Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo."

El Catecismo de la Iglesia Católica recoge expresamente esta enseñanza (CIC 133).

La finalidad de leer la Biblia no es simplemente acumular conocimientos sobre Abraham, Moisés, David, Isaías, Pedro o Pablo.

Todos ellos forman parte de una historia mayor. Y esa historia alcanza su plenitud en Jesucristo.

2. La Biblia tiene un corazón: Jesucristo

Toda la Escritura encuentra su unidad en Cristo. Podemos resumirlo de una manera muy sencilla:

  • El Antiguo Testamento prepara a Cristo.
  • Los Evangelios presentan a Cristo.
  • Los Hechos de los Apóstoles muestran la expansión de la Iglesia de Cristo.
  • Las cartas apostólicas enseñan cómo vivir en Cristo.
  • El Apocalipsis proclama la victoria definitiva de Cristo.

San Juan recoge estas palabras de Jesús:

"Ustedes investigan las Escrituras [...] ellas son las que dan testimonio de mí." (Jn 5,39)

Por eso el cristiano no lee la Biblia como una simple colección de documentos antiguos. La lee como Historia de la Salvación.

Una historia que comienza con la creación, atraviesa la alianza con Israel y llega a su plenitud en el Hijo de Dios hecho hombre.

3. La Biblia tiene una llave maestra: Jesucristo

Muchos acontecimientos del Antiguo Testamento adquieren una profundidad nueva cuando son contemplados a la luz de Cristo. La Iglesia llama a esto tipología bíblica.

Por ejemplo:

  • Adán nos ayuda a comprender a Cristo como el nuevo Adán.
  • Isaac cargando la leña del sacrificio recuerda a Cristo cargando la cruz.
  • El cordero pascual prepara la comprensión de Jesús como Cordero de Dios.
  • El maná del desierto prepara el misterio del Pan de Vida.
  • La serpiente levantada por Moisés anticipa a Cristo elevado en la cruz.
  • Jonás, tres días en el vientre del gran pez, es utilizado por Jesús como signo de su muerte y resurrección.

Esto no significa que podamos inventar cualquier simbolismo. La Iglesia enseña que debemos respetar primero el sentido literal de la Escritura y, desde él, reconocer también los sentidos espirituales cuando están verdaderamente fundados en la Revelación (CIC 115-119; 128-130).

4. ¿Cómo está organizada la Biblia?

La Biblia católica contiene 73 libros, divididos en:

  • 46 libros del Antiguo Testamento
  • 27 libros del Nuevo Testamento

Conocer esta estructura ayuda muchísimo para comenzar a leerla.

5. El Nuevo Testamento: 27 libros

Para alguien que comienza a leer seriamente la Biblia, es muy recomendable comenzar por Jesucristo. Por eso podemos iniciar por los Evangelios.

Los cuatro Evangelios

  • Mateo
  • Marcos
  • Lucas
  • Juan

Una ruta pastoral sencilla para quien recién comienza podría ser: Marcos → Lucas → Mateo → Juan.

Marcos es breve y dinámico. Lucas permite contemplar con especial riqueza la misericordia de Dios y la acción del Espíritu Santo. Mateo muestra constantemente el cumplimiento de las Escrituras. Juan nos introduce en una contemplación particularmente profunda del misterio de Cristo.

6. Después de los Evangelios: Hechos de los Apóstoles

Cuando terminamos los Evangelios surge naturalmente una pregunta: ¿Qué ocurrió después de la resurrección y ascensión de Jesús?

La respuesta la encontramos en Hechos de los Apóstoles, donde encontramos:

  • Pentecostés.
  • La predicación de Pedro.
  • La vida de las primeras comunidades cristianas.
  • La conversión de Pablo.
  • Los primeros viajes misioneros.
  • La expansión del Evangelio.

Hechos permite comprender cómo la misión de Cristo continúa en su Iglesia por la fuerza del Espíritu Santo.

7. Las cartas del Nuevo Testamento

Después encontramos las cartas apostólicas.

Las 13 cartas tradicionalmente vinculadas a san Pablo

Romanos, 1 Corintios, 2 Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1 Tesalonicenses, 2 Tesalonicenses, 1 Timoteo, 2 Timoteo, Tito y Filemón.

Estas cartas ayudan a comprender cómo las primeras comunidades cristianas vivían la fe y afrontaban problemas concretos.

Las siete cartas católicas

Santiago, 1 Pedro, 2 Pedro, 1 Juan, 2 Juan, 3 Juan y Judas.

A ellas se suma la carta a los Hebreos. Durante muchos siglos fue relacionada con el ámbito paulino, aunque la Iglesia no obliga a sostener que san Pablo haya sido su autor directo.

Y finalmente encontramos el Apocalipsis, el último libro de la Biblia. No es simplemente un libro sobre catástrofes o acontecimientos futuros. Es, ante todo, una proclamación de esperanza:

Cristo vence.

8. El Antiguo Testamento: 46 libros

Los 46 libros del Antiguo Testamento pueden organizarse de la siguiente manera.

Pentateuco — 5 libros

Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.

Aquí encontramos los grandes fundamentos de la historia de Israel: creación, pecado, promesas, Abraham, patriarcas, Moisés, Éxodo, alianza y Ley.

9. Libros históricos — 16

Josué, Jueces, Rut, 1 Samuel, 2 Samuel, 1 Reyes, 2 Reyes, 1 Crónicas, 2 Crónicas, Esdras, Nehemías, Tobías, Judit, Ester, 1 Macabeos y 2 Macabeos.

Estos libros narran distintos momentos de la historia del pueblo de Israel y de su relación con Dios. No debemos leerlos simplemente como una cronología moderna. Son relatos históricos escritos también desde una profunda perspectiva teológica.

10. Libros sapienciales — 7

Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los Cantares, Sabiduría y Eclesiástico o Sirácida.

Estos libros reflexionan sobre grandes preguntas humanas: el sufrimiento, la justicia, la oración, el amor, la muerte, la sabiduría y el sentido de la vida.

Entre ellos los Salmos ocupan un lugar especial. Los Salmos no solamente se leen. Se rezan. Jesús rezó los Salmos. Los primeros cristianos rezaron los Salmos. Y la Iglesia continúa rezándolos diariamente en la Liturgia de las Horas.

11. Libros proféticos — 18

Podemos distinguir entre profetas mayores y menores.

Proféticos mayores

Isaías, Jeremías, Lamentaciones, Baruc, Ezequiel y Daniel.

Los doce profetas menores

Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías.

Por tanto: 5 del Pentateuco + 16 históricos + 7 sapienciales + 18 proféticos = 46 libros del Antiguo Testamento.

Y: 46 + 27 = 73 libros de la Biblia católica.

12. ¿Basta leer tres capítulos diarios?

Aquí aparece una cuestión práctica. Algunas propuestas sugieren leer tres capítulos diarios. Es una excelente disciplina, pero existe un pequeño problema matemático.

Tres capítulos por día durante 365 días dan 1,095 capítulos. La Biblia católica contiene aproximadamente 1,330 capítulos, dependiendo de algunas particularidades de numeración de la edición bíblica utilizada.

Por eso tres capítulos diarios no bastan normalmente para completar toda la Biblia católica en un año. Una meta más realista sería aproximadamente cuatro capítulos diarios.

Pero hay algo todavía más importante. No debemos convertir la lectura bíblica en una competencia. La pregunta principal no debería ser "¿Cuántos capítulos terminé hoy?", sino:

"¿Qué me está diciendo Dios a través de su Palabra?"

13. Una fórmula sencilla: 3 + 1

Una estrategia práctica podría ser: tres capítulos del Antiguo Testamento más un capítulo del Nuevo Testamento.

Esta fórmula permite avanzar progresivamente por el Antiguo Testamento sin alejarnos durante demasiado tiempo de los Evangelios y de la predicación apostólica. Además, recuerda permanentemente algo fundamental: la llave maestra de la Escritura sigue siendo Jesucristo.

El Nuevo Testamento se terminará antes que el Antiguo. No hay ningún problema. Podemos volver a comenzar los Evangelios y recorrer nuevamente el Nuevo Testamento. Leer varias veces los Evangelios durante un año puede convertirse en una verdadera escuela de discipulado.

14. Leer la Biblia no significa solamente terminarla

Hay personas que pueden decir "Ya leí toda la Biblia." Eso es algo bueno. Pero existe una pregunta todavía más importante: ¿La Biblia ya te leyó a ti?

La carta a los Hebreos dice:

"La palabra de Dios es viva y eficaz." (Hb 4,12)

La Escritura no existe solamente para informarnos. Existe también para confrontarnos.

Cuando Jesús dice "Amen a sus enemigos", debemos preguntarnos: ¿A quién me está costando amar?

Cuando encontramos "Perdonen", debemos preguntarnos: ¿A quién todavía no he perdonado?

Cuando Cristo dice "Tuve hambre y me dieron de comer", debemos preguntarnos: ¿Dónde está Cristo necesitando de mí?

La Biblia comienza a transformar nuestra vida cuando dejamos de verla simplemente como un libro que analizamos y permitimos que la Palabra de Dios examine nuestro corazón.

15. Cinco pasos para leer la Biblia cada día

Podemos utilizar un método muy sencillo.

1. Ora

Antes de abrir la Biblia pide al Espíritu Santo que ilumine tu inteligencia y tu corazón. Puedes hacer una oración sencilla: "Señor, abre mi entendimiento para comprender tu Palabra y dame un corazón dispuesto para vivirla."

2. Lee

Lee despacio. Sin convertir la lectura en una carrera. Algunas páginas requerirán más tiempo que otras.

3. Comprende

Pregúntate: ¿Quién escribió? ¿A quién se dirige? ¿Qué estaba sucediendo? ¿Qué género literario estoy leyendo? ¿Cuál es el contexto? Esto evita uno de los errores más frecuentes: sacar versículos de contexto.

4. Encuentra a Cristo

Pregúntate: ¿Cómo se relaciona este pasaje con la Historia de la Salvación que alcanza su plenitud en Jesucristo?

Algunas veces la relación será directa. Otras veces será progresiva, tipológica o teológica. Y algunas veces el texto simplemente nos permitirá comprender mejor el camino histórico mediante el cual Dios preparó a su pueblo.

5. Responde

Finalmente pregúntate: ¿Qué quiere Dios transformar hoy en mi vida?

Santiago advierte:

"Pongan por obra la palabra y no se contenten solo con oírla." (St 1,22)

La verdadera lectura bíblica termina convirtiéndose en vida.

16. La Biblia se lee dentro de la Iglesia

Existe otra cuestión fundamental. El católico no interpreta la Biblia como si estuviera completamente aislado de dos mil años de cristianismo. La Biblia pertenece a la vida de la Iglesia.

El Concilio Vaticano II enseña que, para interpretar correctamente la Escritura, debemos prestar especial atención a tres criterios:

1. La unidad de toda la Escritura

No podemos construir una doctrina usando un versículo aislado y olvidando el resto de la Revelación.

2. La Tradición viva de toda la Iglesia

La Escritura nació y fue transmitida dentro del pueblo de Dios.

3. La analogía de la fe

Nuestra interpretación debe respetar la coherencia de las verdades de la fe entre sí (Dei Verbum 12; CIC 112-114).

Por eso existe una gran diferencia entre preguntar "¿Qué significa este texto?" y simplemente decir "Para mí este texto significa...". La interpretación cristiana no consiste en inventar significados personales.

Primero debemos buscar ¿Qué quiso comunicar realmente el texto? Y después preguntarnos ¿Qué me está diciendo Dios hoy por medio de esa Palabra?

17. Una recomendación final

Si decides leer la Biblia durante un año, no te desesperes si algún día no puedes cumplir exactamente el plan. La finalidad no es generar culpa. La finalidad es adquirir una relación permanente con la Palabra de Dios.

Si un día no lees cuatro capítulos, continúa al día siguiente. Si un texto te impacta profundamente y necesitas permanecer allí más tiempo, permanece. La Biblia no es una lista de tareas. Es un lugar de encuentro.

La meta no es llegar a Apocalipsis

Volvamos a nuestras tres ideas iniciales.

La Biblia tiene un centro: JESÚS. Toda la historia de la salvación alcanza en Él su plenitud.

La Biblia tiene un corazón: JESÚS. Porque la plenitud de la Revelación cristiana no es simplemente un texto. Es una Persona.

La Biblia tiene una llave maestra: JESÚS. Él permite descubrir la profunda unidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.

Por eso, al comenzar un plan para leer la Biblia durante un año, no deberíamos proponernos solamente poder decir "Terminé toda la Biblia." La meta debería ser mucho mayor:

"Después de un año conozco más a Jesucristo, amo más a Jesucristo y trato de vivir más como Jesucristo."

Porque la meta de la lectura bíblica no es simplemente llegar al último capítulo del Apocalipsis. La meta es llegar a Cristo.

Para profundizar

  • Lucas 24,13-35 — Jesús explica las Escrituras a los discípulos de Emaús.
  • Juan 5,39 — Las Escrituras dan testimonio de Cristo.
  • 2 Timoteo 3,14-17 — La Escritura es inspirada por Dios.
  • Hebreos 4,12 — La Palabra de Dios es viva y eficaz.
  • Santiago 1,22-25 — No basta escuchar la Palabra: hay que ponerla en práctica.
  • Catecismo de la Iglesia Católica 101-141 — La Sagrada Escritura.
  • Catecismo de la Iglesia Católica 112-114 — Criterios para interpretar la Escritura.
  • Catecismo de la Iglesia Católica 128-130 — Unidad entre Antiguo y Nuevo Testamento.
  • Concilio Vaticano II, Dei Verbum 11-12 — Inspiración e interpretación de la Sagrada Escritura.

"Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo." — San Jerónimo

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Fuentes

  • BibliaEvangelio según san Lucas — Lc 24,27

    «Y comenzando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras.»

    Jesús mismo enseña a los discípulos de Emaús a leer toda la Escritura a la luz de su propia persona, fundamento de la idea de Jesucristo como centro de la Biblia.

  • CatecismoCatecismo de la Iglesia Católica (CIC) — CIC 133

    «—»

    El Catecismo recoge expresamente la enseñanza de san Jerónimo de que ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo.

  • BibliaEvangelio según san Juan (Jn) — Jn 5,39

    «Ustedes investigan las Escrituras [...] ellas son las que dan testimonio de mí.»

    Jesús afirma que toda la Escritura da testimonio de él, fundamento de la unidad cristológica de la Biblia.

  • CatecismoCatecismo de la Iglesia Católica (CIC) — CIC 115-119; 128-130

    «—»

    El Catecismo explica los sentidos espirituales de la Escritura y la unidad tipológica entre Antiguo y Nuevo Testamento.

  • BibliaCarta a los Hebreos — Hb 4,12

    «La palabra de Dios es viva y eficaz.»

    Funda la idea de que la Escritura no solo informa sino que transforma y confronta la vida del lector.

  • CatecismoCatecismo de la Iglesia Católica (CIC) — CIC 112-114

    «—»

    Enumera los tres criterios del Concilio Vaticano II para interpretar correctamente la Escritura dentro de la Iglesia.

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